dijous, 24 de març de 2011

Oman (1)


Cinco horas de autobús me trasladaron del desierto de Al-Ain a la portuaria ciudad de Muscat, la capital de Omán. Decidí instalarme en Mutrah, el puerto principal de la ciudad, en donde paran todos los cruceros de lujo que pasean miles de turistas por el Golfo Pérsico. Es una zona tranquila, pero con un mercado de pescado que bulle cada mañana de vendedores y compradores, tan pronto como llegan las primeras barcas.






Una agradable caminata de unos seis kilómetros por el cuidado paseo marítimo lleva hasta el Viejo Muscat, la parte más antigua de la ciudad. Allí se encuentra el Palacio del Sultán y la sede de los principales ministerios, además de un par de museos y un buen número de blancas edificaciones tradicionales que contrastan con las ocres y áridas montañas que se levantan detrás, creando una estampa bellísima.







Muscat ha crecido a lo largo, limitada por las montañas a un lado y el mar al otro, cubriendo una extensión de unos 50 kilómetros. Los museos, la Gran Mezquita, las mejores playas, al lado de los hoteles de conocidas cadenas, como el lujoso Gran Hyat, o la estación de buses, se encuentran diseminados a lo largo de una enorme territorio que, prácticamente, sólo se puede cubrir con vehículo propio o taxi, que en Omán, para los turistas, sale muy caro.








 
Lo mejor de esta ciudad es, no obstante, su gente. Aquí resulta muy fácil conocer a los locales, que trabajan, como la mayoría de los mortales, y tienen hoteles, restaurantes, taxis… Son increíblemente simpáticos. Les sonríes y enseguida te saludan y se paran a hablar contigo. Les encanta que te sientes a su lado, y compartas un café o un té, mientras mantienes una agradable y sosegada conversación.




 







1 comentari:

  1. Dues noies s'han deixat fer una foto amb un occidental!! No et pensis que com està al món Àrab aquests dies ja em fa patir que donis voltes per aquí... Una forta abraçada!

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