dijous, 6 de setembre de 2018

Japón 2018


JAPÓN en familia

Había viajado en tres ocasiones al país del sol naciente, pero seguía teniendo ganas de volver. Hay tanto por ver y experimentar en este fascinante país, tantos lugares que todavía no he visitado!  Lo que no imaginaba es que iba a regresar con parte de mi familia. Y eso, claro, marca una diferencia. Los ritmos son otros y hay que elegir las actividades que contenten a todo el grupo. Y siendo la primera vez para todos ellos, elegimos la ruta clásica, la que nadie debería perderse en un primer viaje a Japón.

Para mi suponía volver a lugares que ya conocía y en los que ya he estado en varias ocasiones, pero Japón no deja de sorprender y hace de cada visita un experiencia única. Vamos allá pues. Espero que este blog pueda aportar algunas ideas a aquellos que se plantean viajar en familia y quieren aprovechar al máximo la experiencia de extremo oriente. Nuestro viaje, de 15 días, nos permitió visitar Tokio, la capital, en donde pasamos 6 días, y hacer un interesante recorrido utilizando el JRPass, por Hakone, Kioto, Nara, Hiroshima y Miyajima.
The Tokyo experience

Tokio es una ciudad brutal. Cada barrio es un mundo lleno de lugares interesante para ver, de experiencias que hay que vivir. Una semana no permite en absoluto conocerlo a fondo, pero si llevarse un buen sabor de boca que invita a volver. 



Nosotros nos instalamos en uno de los barrios que más me gustan, Shinjuku, y por eso, el primer día subimos al fantástico mirador de las oficinas del gobierno metropolitano. Visitamos el departamento de comida que se encuentra en  los almacenes Lumine justo debajo de la mega estación de trenes y metros de Shinjuku, en donde lo raro es no perderse, y anduvimos por el caliente barrio de Kabukicho, que vale la pena recorrer.  






El segundo día nos acercamos hasta Harajuku para visitar Meiji-jingu, el santuario sintoísta más grande de Tokio. Se encuentra en medio de un delicioso bosque que lo aísla totalmente. Una “torii” de 12 metros de madera de ciprés taiwanés de 1.500 años de antigüedad da la bienvenida. Llegamos temprano y tuvimos la suerte de poder presenciar la espectacular ceremonia matinal. 
 

Fuera del parque y justo delante se encuentra la famosa calle Tekeshita-dori, llena de tiendas sorprendentes. Una delicia para los adolescentes que no hacen más que preguntarse qué es cada una de las cosas que ven allí. Muy cerca se encuentra Omote-sando, la avenida del lujo, con las mejores marcas comerciales instaladas en edificios singulares, imprescindible para los amantes de la arquitectura. 


Shibuya es otra parada imprescindible para los turistas que visitan Tokio. Su fama le viene dada principalmente por el famoso cruce de Shibuya, por donde pasan miles de personas diariamente y del que se dice que es el más concurrido del mundo.  Justo al lado se encuentra el monumento al perro Hachiko, el más famoso de la ciudad y en donde todo el mundo se hace una foto. Nosotros, además, subimos al Hikarie, un resplandeciente rascacielos de 34 plantas que se encuentra muy cerca, y al que se puede subir gratuitamente para disfrutar de una vista privilegiada del famoso cruce. 




El atardecer es una buena hora para dejarse caer por Odaiba, el barrio junto al mar, al que se llega con un monorraíl elevado desde el que se tienen unas vistas espectaculares de la bahía de Tokio. Una copia del puente de Brooklyn y otra de las Estatua de la Libertad son los símbolos que lo identifican, pero la zona está llena de edificios, museos, galerías comerciales y atracciones varias que vale la pena visitar. 


Roppongi acoge el Centro Nacional de Arte de Tokio, un edificio futurista de imprescindible visita.  Muy cerca se encuentra el famosos Roppongi Hills, un enorme centro comercial que parece una mini ciudad con jardines y espacios  abiertos muy acogedores. Ideal para un día lluvioso, habitual en julio, y cuando se viaja con niños. Allí se encuentra la sede de la televisión japonesa que produce dibujos tan famosos como Doraemon o Shin-chan, con un amplio salón en que los visitantes, gratuitamente, pueden hacerse fotos con sus personajes favoritos. Y para más sorpresas una tienda de perritos y gatos espectacular, con servicio de baño y peluquería de lujo que fue la delicia de mis sobrinos. 

 




Otro barrio imprescindible, sobre todo para adolescentes y amantes del manga y el anime, es Akihabara. Galerías comerciales como Yodobashi Akiba, el mundo de la electrónica, en donde todo puede probarse, el Mandarake Complex, el paraíso del Otaku, y una infinidad de locales en los que puede jugarse a todo tipo de juegos son uno de sus atractivos principales. 



Asakusa acoge el templo más conocido y visitado de Tokio, el Senso-ji. Cerca de la salida del metro se encuentra el edificio de información turística, desde la última planta del cual se tiene una vista extraordinaria de la zona. Se ve el templo, Nakamise-dori, la larga calle comercial de tiendas de recuerdos, comida y dulces típicos japoneses, la Pagoda de los 5 Niveles, el Tokio Sky Tree, una enorme torre que se encuentra al otro lado del río Sumidagawa, cerca del Super Dry Hall, la sede de la cerveza Asahi, o el estadio nacional de sumo Kokugikan.

 Puerta del Trueno






 Ueno es también una muy buena opción cuando se viaja con niños. Además de un enorme parque, con un lago en el que se alquilan barcas de todo tipo, y de la mayor concentración de museos de la ciudad, como el Nacional de Tokio, que contiene una interesante colección de espadas samuráis o de quimonos, allí se encuentra el Zoo (6 euros adultos y gratuito para niños hasta 15 años). Y la gran atracción por la que entramos, los Osos Panda. 


 

Finalmente, uno no puede irse de la capital sin visitar el centro, Marunouchi, la zona de la estación de Tokio, en donde se encuentra el Palacio Imperial, y Ginza, la versión tokiota de la Quinta Avenida neoyorkina.


  
Hakone

De todos los lugares que visitamos este es el único que no conocía todavía. En un viaje anterior había optado por subir directamente al Monte Fuji. Esta vez nos conformamos con visitar esta preciosa y apacible zona de montaña, desde la que, en días claros (no fue el caso), se tiene una vista privilegiada del volcán más famoso de Japón. 

Tras un cómodo viaje en tren de Tokio a Hakone-Yumoto, un entretenido cremallera, que nos llevó hasta la pequeña localidad de Gora, en donde pasaríamos la noche, y un par de funiculares, llegábamos al lago Ashino-ko, que recorreríamos en un barco pirata. Las vistas del recorrido son inolvidables, sobre todo para los que sufren de vértigo, aunque vale la pena. La experiencia de pasar por encima de un volcán activo que no para de escupir gases de azufre no hay que perdérsela. Y ya no os digo más. Una sorpresa detrás de otra, aunque el tiempo no acompañe… 



Kioto

Si algún lugar representa la esencia de Japón, aquella imagen que todos tenemos en nuestra mente, eso es Kioto. Jardines de ensueño, templos espectaculares, geishas, ryokan, los hoteles tradicionales, con sus quimonos, baños y deliciosa comida japonesa. No voy a explicar mucho más. Una buena guía os indicará como llegar a todos y cada uno de los incontables templos que pueden visitarse en esta inolvidable ciudad. 

Nosotros, es lo que tiene ir con niños, limitamos nuestra visita a los quizás más emblemáticos o conocidos: Kiyomizu-dera y Kodai-ji, en el barrio de Higashiyama, el bambusal de Arashiyama y el templo de Kinkaku-ji, el Pabellón Dorado; Fushimi Inari-taisha, conocido por ser escenario de la película “Historia de una geisha”, y el mercado de Nishiki. Muy cerca se encuentra la calle Pontocho, un lugar ideal para cenar y encontrarse con alguna geisha.


  Tenryu-Ji, en el Bambusal 



 





 Nijo-jo, el Castillo de Kioto

 
 Nishiki


 




Nara


La primera capital del Japón también merece una visita sin ningún tipo de duda. A una corta distancia en tren desde Kioto, Nara sorprende a todos los que la visitan. Entre los muchos templos que todavía conserva, 8 son monumentos Patrimonio Mundial de la Unesco, destaca el Todai-ji, que contiene el Daibutsu-den, el edificio de madera más grande del mundo, reconstruido en 1709. La estátua del Gran Buda, del S. VIII y de 16 metros de altura, es también la figura de bronce más grande del mundo. 


Nigatsudo Hall

Dentro del Templo Todai-ji se encuentra además la "Columna de la aAlegría", una columna de madera con un agujero en su base. Dice la leyenda, que aquellos que logran pasar por él, consiguen la iluminación. No fue fácil, pero lo conseguimos...  




 Kasuga Taisha Shrine





A los niños, sin embargo, lo que más les gustó fueron los ciervos que pasean a sus anchas por todo el recinto, y que se acercan a los turistas en busca de una deliciosa galleta. 


Hiroshima  

        
A dos horas desde Kioto, en el Shinkansen, el tren bala japonés, Hiroshima es un destino que vale la pena no perderse en un viaje a Japón. La principal razón es, sin duda, su simbología, como la ciudad en la que los EEUU lanzaron su primera bomba atómica un fatídico 6 de agosto de 1945, que arrasó la ciudad por completo y los cientos de miles de personas que en ella vivían. Los restos del “Dome”, recuerdan los hechos y el Museo de la Paz  es un contundente alegato contra la guerra y la utilización de armas nucleares, que nadie debería perderse.






Hiroshima renació de sus cenizas y es hoy una ciudad muy apacible y bella que vale la pena recorrer. Además es el mejor lugar para probar una de sus especialidades culinàrias más sabrosas, el okonomiyaki.





Miyajima


Hiroshima posee además otra atracción que arrastra miles de turistas, la isla de Miyajima, con su famoso “Torii ”, puerta del santuario, que parece emerger del mar con la marea alta. La isla, patrimonio universal de la Unesco, y uno de los destinos turísticos más populares de Japón, posee también algunos templos, como el Itsukushima-jinja, del S. XII, que merecen una detenida visita. Por supuesto, lo que más llamará la atención de los niños, de nuevo, serán las decenas de ciervos salvajes que se pasean a sus anchas y que persiguen a los turistas en busca de comida.












Esto es todo por hoy amigos...!!