dilluns, 6 de febrer de 2017

La capital londinense

London



La capital de la Gran Bretaña es una bellísima ciudad que esconde multitud de sorpresas. Basta pasear por los múltiples parques de la ciudad, St. James Park, congelado en esta época del año, Green Park, Hyde Park, o Regents Park, entre otros, para enamorarse de ella.







Al turista inquieto le esperan montones de bellísimos rincones, museos fascinantes, magníficos edificios, obras de teatro legendarias y mercados únicos, como el de Covent Garden o Camden Town. Este último se encuentra, además, en un entorno de fábula, al lado del canal de Regent, por el que, paseando tranquilamente, se puede llegar a la Little Venice. 




  










Un lugar en el que siempre hay algo que hacer y en donde, todavía, uno no para de sorprenderse. 



 









 

Lunch time

Toneladas de papel, bolsas, vasos de plástico y otros muchos residuos, que acabaran en una papelera, grasientos, y posiblemente en un vertedero, sin posibilidad de reencarnarse en otro emboltorio, se mueven por las calles de Londres a la hora de comer.



 Son las 12 del mediodía, muy temprano para mi, pero los servidores de comida, en todas sus posibles versiones, restaurantes, sandwidcherias, cafés..., están ya llenos a rebosar. Los trabajadores corren a hacerse con un bocadillo, un burrito, una pizza o, en el mejor de los casos, una bandeja con arroz y algún exótico manjar. A los ingleses les encanta la comida china, tailandesa, india, o de donde sea. También, por supuesto, sus “pies”, rellenos de riñones, black pudding, o lo que sea... 



 


Es algo que siempre me llamó la atención, ya desde aquella primera vez en 1990 en que puse mis pies en la capital londinense. No se pierde demasiado tiempo en el almuerzo. El desayuno y la cena suelen ser más copiosos y reposados. Pero al mediodía es la hora de los mercados. El mejor momento para dejarse caer por el mercado de Spitalfields, o el de Ledenhall, cerca de Liverpool Street, o el Borough Market, en la otra orilla del Támesis.... Uno encuentra allí todo tipo de comida, española, italiana, china, de Indonesia, de Malasia, japonesa, vegetariana, griega, y por supuesto, tapas, bocadillos, ostras para los más sibaritas, y los “pies”. Cada día se puede probar algo distinto y auténtico. Aunque muchos no lo dirían, este es uno de los placeres de Londres.







 

Por supuesto, hay montones de restaurantes fascinantes en donde se come de maravilla, a precios desorbitados, pero también muy asequibles, y no por ello menos deliciosos. En mi etapa de trabajador emigrante, mal pagado y con muy pocos recursos, descubrí China Town, un enjambre de buenísimos restaurantes de comida asiática que forman la zona conocida como Soho, en el centro mismo de la ciudad.



Mi visita coincidió con el Nuevo Año Chino

 
Allí volví esta vez, reconociendo todavía algunos de mis restaurantes favoritos. Comida sencilla, pero sabrosa y muy económica. Y como entonces, siguen las colas para poder sentarse, aunque sea en alguna de sus mesas compartidas y saborear algunos de los muchísimos platos que ofrecen. 

 Una deliciosa pastelería francesa en el corazón de China Town

Es cierto que empiezan a verse cambios. Me explican mis amigos londinenses que los “landlords” los propietarios del suelo londinense, han empezado a subir los alquileres de forma desorbitada y familias y negocios que han vivido toda su vida en Soho se han visto obligados a irse. En su lugar se empiezan a establecer los Starbucks, Costas y Cafés Nero que inundan la ciudad, las mismas cadenas que uniformizan todos los espacios y hacen que las ciudades pierdan su encanto y la razón para ser visitadas. Esperemos que encuentren resistencia y no puedan acabar con China Town.

 

El año del Brexit

Londres siempre me ha parecido otro mundo. Y aunque las cosas están cambiando, todavía conserva ese encanto que lo hace tan singular y peculiar. 

 

Hoy, como en los años 90, siguen conduciendo al contrario que el resto del continente, sus enchufes son distintos y hace falta un adaptador, cuentan en millas y pesan en "pounds", pagan un impuesto por tener un televisor en casa, y siguen utilizando la libra y renegando del Euro. 


Esto último los ha beneficiado muchísimo mientras han estado en Europa. Además les permite hacer algo que uno ya había olvidado, atracar a todos los turistas que visitan el país, con unas comisiones desorbitadas, de hasta el 15 por cierto en el aeropuerto y las estaciones de llegada. Y es legal. Con los ingleses siempre se pierde, aunque la devaluación de la libra después de la victoria del Brexit ha supuesto cierto alivio.

Y pensando en todas esas cosas es cuando me pregunto: Gran Bretaña, ¿ha sido alguna vez Europa?.

Vocación por la cultura

Sin duda, una de las grandes maravillas de la capital londinense son sus museos, y además gratuitos, para disfrute de todos. Es cierto que se confía en la generosidad de los visitantes, a los que se pide una aportación voluntaria, para que la Cultura pueda seguir siendo gratuita y al alcance de todos.




Esta vez, he visitado la National Gallerry, el Britih Museum, la Tate Modern y la casa-museo de Sir John Soanes, poco conocido y muy recomendable, para hacerse una idea de como vivía un rico y erudito arquitecto del siglo XVIII. 



 
 

A vista de pájaro

Tampoco debe perderse la oportunidad de visitar algunos de sus edificios emblemáticos, sobretodo si son gratuitos, como el Sky Gardens, que permite una vista privilegiada de la ciudad desde el tranquilo entorno de un bellísimo jardín en las alturas.