diumenge, 20 de juny de 2010

Asia 2010 : Laos (3)

Camino de Luang Prabang

Las pequeñas embarcaciones que navegan por el río Nam Oa no parten de Luang Khua hasta que consiguen un número suficiente de pasajeros que amorticen el viaje. A las 7.30 de la mañana solo éramos 3, así que quedamos en volver a las 9. Es temporada baja y no hay turistas en la zona. Esperamos todavía una hora más, pero a las 10, viendo que no se añadía más gente, optamos por pagar la diferencia.


Tras cinco horas de viaje, llegamos a Luang Ngoi Neua. A esas horas ya no había botes hacía Nong Khiaw, así que pasamos la noche en esta tranquilísima aldea. Por 3euros me instalé en un bungalow con vistas al río, porche y hamaca. Que más podía pedir? El lugar era idílico. Río, bungaloes para turistas, y tras las casas, alineadas a lo largo de una única calle, empezaba la selva, espesa y misteriosa. Una tormenta espectacular animó toda la noche, y los relámpagos, que no cesaban, ponían la luz que la aldea no tenía.


A la mañana siguiente tomamos un bote hacía Nong Khiaw, y allí una “pic up” hacia Luang Prabang. Casi 4 horas de viaje agotador, con interminables paradas en que bajaban unos y subían otros. Sacos de arroz, pescado, gallinas, cañas de azúcar… Todo cabía en aquel diminuto habitáculo. Eso sí, tuve mucho contacto con la gente del lugar.






Situada a 700 metros sobre el nivel del mar, en la confluencia del río Khan y el río Mekong, se encuentra Luang Prabang, una de las joyas de Laos, Patrimonio Mundial por la UNESCO. Es una ciudad pequeña, con mucho encanto, que apetece recorrer a pie, repleta de monasterios, en los que viven una infinidad de monjes y preciosas casas coloniales, convertidas hoy en hoteles muy acogedores y apetitosos restaurantes.

La que una vez fuera capital del reino de Lan Xang y residencia preferida de sucesivos monarcas, conserva, hoy convertido en museo, el Palacio en donde vivió la familia real de Laos hasta 1975, año en que los comunistas obligaron al rey a abdicar. Parece ser que el rey y su familia acabaron en los campos de trabajo del régimen, enn donde no resistieron demasiado…

Y semejante joya, no podía encontrarse en un entorno más acogedor. Los alrededores de la ciudad, lugares de una gran belleza, como las cataratas de Kuang Si, con innumerables piscinas naturales de limpias aguas de color turquesa, son también una visita obligada.




Yo, además, tuve la suerte de conocer un grupo de jóvenes estudiantes que enseguida quisieron mostrarme su ciudad. Cruzamos el río, visitamos una aldea cercana, me hicieron probar algunas de las especialidades del lugar -la mejor comida que he tomado en Laos- y hasta me llevaron de marcha, para conocer como se divierte la gente de por aquí.

La música y el baile tradicional de Laos son un reflejo de la forma relajada y tranquila como viven las gentes de este país. Los suaves movimientos de pies y caderas se combinan con un delicado juego de manos, mientras todas las parejas van girando alrededor de la pista.


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