divendres, 4 de juny de 2010

Asia 2010 : Vietnam (5)

Sapa


En el norte de Vietnam, a 1650 metros de altura, y cerca de la frontera con China, se encuentra la ciudad de Sapa. Justo en la pendiente de una montaña, desde la que se divisa un profundo valle lleno de terrazas de arroz que caen en forma de cascadas. Es también el hogar de los H'mong y los Dzai, algunos de los pueblos indígenas de esta región.

Mujer de la etnia Red Dzay

"4 nights, 3 days"
Posiblemente el “treking” más difícil y de los más bellos que he hecho jamás.

Para la mayoría de turistas que vienen a esta región, Sapa es "treking", caminar por la montaña, contemplar paisajes idílicos y conocer algunas de los pueblos indígenas que viven en la zona. Desde Hanoi se organizan tours que incluyen la noche de ida, en tren, noche en una casa tradicional en alguna aldea, noche en un hotel en Sapa, y noche de vuelta, de nuevo en tren. Cuatro noches y tres días. Yo me apunté a uno de esos tours, pero ya no volví a Hanoi.

A las 4.30 de la mañana llegamos a Lau Cai, después de un largo recorrido en tren desde Hanoi. Un autobús nos traslada enseguida hacia Sapa. Una ducha rápida, desayuno, dejamos el equipaje en el hotel y nos ponemos a caminar.

Chai, una muchacha de 17 años de la etnia H’Mong es nuestra guía. El “treking” empieza en Sapa. Nada más salir de esta pequeña población nos encontramos caminando entre terrazas de arroz. No para de llover y el suelo, lleno de barro, es muy resbaladizo. A menudo no nos queda más remedio que meter los pies en el agua, pues algunos caminos se han convertido en pequeños riachuelos.

Comemos por el camino y cenamos en una casa local, en una pequeña aldea de la etnia Dzay, en donde también pasaremos la noche. Comida abundante y exquisita. La lluvia se detiene por un rato y nos permite recorrer la aldea y acercarnos al río.

A las 10 de la mañana nos ponemos en marcha de nuevo. Llueve. Los 3.6 kilómetros de recorrido los hacemos en tres horas. El camino es mucho peor que el del día anterior. No hacemos mas que bajar por pendientes llenas de barro, extremadamente resbaladizas. Me he caído dos veces, y no más, gracias a la ayuda de las mujeres indígenas que nos acompañaban. Son unas expertas a la hora de caminar por la montaña.

Al final del viaje, las mujeres nos muestran algunos productos artesanales que quieren vender. Y claro, después de tanta ayuda uno no puede negarse a comprar. El día anterior ocurrió lo mismo, pero con otras vendedoras. Tienen un pacto entre ellas. Acompañan al turista en un tramo determinado y han de vender antes de ceder el turno a las compañeras, normalmente de otra etnia, que esperan al otro lado de la frontera que solo ellas conocen.





 
 
 
Los búfalos también van de excursión...
 
Suculenta comida al final del camino

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