diumenge, 13 de juny de 2010

Asia 2010 : Laos (2)


L a o s

El Norte



"Treking" en Muong Khua

Nos encontrábamos sentados en una linda terraza con vistas al río cuando Boun Ma, un hombre menudo y sonriente se nos acercó para proponernos una ruta por la zona. Nos explicó que era profesor i que aprovechaba el período de vacaciones para hacer un dinero extra. Nos pareció bien la oferta y aceptamos.

Pensé que seria otro “treking” como el de Sapa (ver última publicación de Vietnam). Un “paseo” visitando algunas tribus. Nada que ver. Los más de 20 quilómetros que hicimos el primer día fueron extenuantes. Siempre cuesta arriba, con una buena pendiente - según el guía, subimos 1600 metros- y bajo un sol abrasante.

Mientras nos movemos bajo la densa vegetación tropical no hay problema, pero los indígenas han arrasado extensiones enormes por las que es imposible no pasar. Queman los árboles y plantan arroz de montaña, una variedad que crece con el agua de la lluvia y que es muy apreciada en Laos.




Según el guía, sólo pueden recoger una cosecha, a lo sumo dos, pues la tierra de la selva no da para más. Después hay que cortar otro pedazo de bosque y empezar de nuevo. El espectáculo a nuestro alrededor es desolador. Eso si, los campos abandonados no tardan en cubrirse de hierbas. Una alfombra verde que embellece un poco el paisaje. Y, con suerte, unos 20 años después, habrá vuelto la vegetación tropical…


El sudor empapa todo mi cuerpo, como si estuviera tomando una ducha. Cae por mi cara y no doy abasto a limpiarlo para evitar que me entre en los ojos. Por fin, a eso de las 12 del mediodía llegamos a una aldea fascinante de casas de madera y bambú. Nos refugiamos en una de las casas, en la que el guía prepara nuestra comida. No hay luz, ni gas, ni agua corriente. Tras la comida seguiremos la marcha.


A las 5 de la tarde llegamos a la aldea en la que pasaremos la noche. Está rodeada por dos empalizadas de bambú para protegerse de tigres y osos, que parece que aún habitan la zona. Entre la primera y la segunda viven los cerdos. Unas escaleras permiten el acceso rápido a las personas, incluso a los perros, e impide que los cochinos salgan de allí. En el centro viven las familias, en casas elevadas encima de pilares.



Nada que ver con Sapa. Aquí nadie vende nada. Todo el mundo nos mira atentamente. Los niños con sorpresa. No hay luz, ni duchas, ni baños, ni bebidas frescas… Cruzando las dos empalizadas existe un depósito en donde almacenan el agua que suben del río. Allí lavan las verduras, los cacharros y también se bañan todos los habitantes de la aldea. En calzoncillos, y bajo la atenta mirada de un grupo de chicas que también se lavan y peinan, nos duchamos nosotros.




Nuestra visita coincide con una fiesta para despedir al maestro, que ha ejercido durante un año en esa aldea. Ahora tendrán que esperar tres años para tener un nuevo profesor. El gobierno no puede pagar, dice el guía, un maestro para cada aldea y por eso concede uno cada tres años. Los niños que han aprendido a leer y escribir enseñaran a los más pequeños lo que han aprendido.



Con motivo de la fiesta, preparan una cena excepcional a la que, por supuesto, estamos invitados. Una buena variedad de platos de animales de bosque, indeterminados, con salsas superpicantes, verduras desconocidas, setas, pasta y arroz. Y un aguardiente casero que me quema el estómago.



A eso de las 5 de la mañana ya está todo el mundo en pie. Después de desayunar reanudaremos la marcha. Nos quedan 5 horas de camino, soportando un sol abrasante, huyendo de las sanguijuelas que intentan colarse en mi zapato, atravesando otras aldeas y cruzando ríos, para, finalmente, regresar de nuevo a Muong Khua


1 comentari:

  1. ke bonito ke emocionante es seguir tu diario.ke tal tu estomago?? a prueba de bombas no??jaja.besos de tu prima P.

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