dilluns, 4 de gener de 2016

Escocia 2015

Fin de Año en Escocia

 
Dicen que Escocia es un país pequeño, pero con tantas cosas a ver que el visitante precisa de mucho tiempo. Y es verdad. Los 7 días de este fin de año del 2015 apenas dan para nada: 3 días en Edimburgo, en los que es imposible ver todo lo que ofrece la capital del país, y 3 más en los “Highlands”, las Tierras Altas, que solo permiten avistar unos pocos lugares de los muchos interesantes que esconden esos lejanos territorios.
 

A sabiendas de las limitaciones de tiempo, me propuse, si más no, visitar algunos de los lugares más conocidos y turísticos. Empecé por Edimburgo, capital de Escocia desde el S. XII, cuando el Rey David I traslada su corte a su famoso Castillo. Situado sobre el promontorio de un antiguo volcán extinguido proporcionaba entonces una posición defensiva casi perfecta. Hoy, su espectacular emplazamiento dibuja la silueta de una de las ciudades más bellas de Europa.






Recorrer la “Royal Mile” del Old Town, la arteria principal, que conecta el Castillo con el Palacio de Holyrood, y perderse por los insinuantes callejones laterales lo trasladan a uno a la Edad Media. Sobre todo, si se visitan los túneles, callejones y casas sobre las que se levantaron los edificios actuales, y que, muy bien conservados bajo tierra, permiten hacerse una idea de cómo era la vida en aquella dura época, marcada por guerras, hambrunas y pestes.



Ian, mi amigo escocés, que nos hizo de guía por Edimburgo

Tras la Ley de Unión de 1707, en que se unen las coronas de Escocia e Inglaterra, y ante la perspectiva de una estabilidad duradera, se derriban las murallas y la ciudad se expande, creándose lo que se conoce como New Town. Desde la famosa y bulliciosa Princes Steet, uno se encuentra con un trazado en cuadrícula con elegantes hileras de edificios de fachada georgiana.



 Old y New Town fueron declarados Patrimonio Mundial por la Unesco en 1995

Después de 3 intensos días en Edimburgo, mi amiga Nieves y yo alquilamos un coche y nos lanzamos a descubrir los increíbles y espectaculares paisajes de las Tierra Altas. Primera parada, Inverness, la capital de los Highlands. El lugar ideal des del que visitar el “Great Glen”, una falla geológica que cruza Escocia en línea recta de Fort Williams a Inverness, y que está cubierta de lagos, entre ellos, el famoso Loch Ness.








Y ahí me fui yo, claro, a intentar avistar el monstruo que a tantos turistas atrae. Sin suerte, por supuesto. Aunque me topé, junto al lago, con el impresionante Castillo de Urquhart, o lo que queda de él, que constituye una de las imágenes más bellas del lugar.










Fort August: Las embarcaciones ascienden y descienden 13 metros gracias a una “escalera” de 5 esclusas consecutivas.

Alojado en una bellísima casa B&B “Castle View Guest House”, regentada por una simpatiquísima escocesa, celebramos la noche de Fin de Año cenando el tradicional “Stovies”, un guisado de carne y patatas muy sabroso.



Tras la cena, el baile, en una plaza abarrotada de escoceses, que hacían honor a su fama de gente acogedora, simpática y divertida. Muchos de ellos, a pesar del frío, lucían con orgullo el atuendo tradicional, el inconfundible kilt a cuadros. La actuación de varios grupos que cantan en gaélico, lengua oficial en Escocia, sólo se ve interrumpida a media noche por un fantástico castillo de fuegos, que empiezan tras tocar las 12 campanadas.




Y desde Inverness, y a pesar de no disponer de mucho tiempo, nos atrevimos a cruzar el valle de las Cinco Hermanas de Kintail, un majestuoso paraje de montaña, de profundas gargantas y saltos de agua, pero bastante tétrico en un día nublado y con la carretera llena de hielo. El viaje transcurre entre picos nevados de más de 1.000 metros a ambos lados de la carretera, y agrestes pendientes por las que descienden cientos de riachuelos y cascadas. 




Un paisaje de película, salvaje y espectacular. Un trayecto que se ve doblemente recompensado cuando uno topa con el Castillo de Eilean Donan, conocido por la película de “Los Inmortales” que se rodó en él.





Isla de Skye

La mayor de las islas escocesas es uno de los principales destinos turísticos de Escocia. Y nada más cruzar el “Skye Bridge”, el puente inaugurado en 1995 y que une la isla con el continente, uno se da cuenta de porqué.


Los páramos aterciopelados, las abruptas cumbres, los imponentes acantilados y los bellísimos lagos que los rodean a uno todo el tiempo, cortan el aliento. La belleza natural de la isla, a la que hay que añadir castillos, B&B, museos, pubs y restaurantes excelentes, explican el porqué de su éxito.



Una isla de paz y tranquilidad que invita a perderse por varios días. Yo no podía, y tras pasar una noche en la bella localidad de Portree, rehice el camino hacia Fort Williams y de allí a Edinburgo, eso sí, cruzando por el fascinante valle de Glen Coe y el Parque Natural Loch Lomond & The Trossachs.





Antes de volver a la capital de Escocia no pude resistir la tentación de visitar la fascinante ciudad de Stirling, que rivaliza en belleza con la de Edimburgo. Su espléndido castillo, encaramado en lo alto de un peñasco que domina la ciudad, es uno de los más majestuosos de todo el país.






Ah, y por supuesto, aprovechando que el 2015 es el año de la gastronomía en Escocia, no podía dejar de probar algunas de las delicias con las que me sorprendió de nuevo este maravilloso país. 







 

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