dilluns, 3 de gener de 2000

País Vasco (1999)

Primera escapada al País Vasco
Itinerario

Barcelona – Lérida – Huesca – Pamplona – Hondarribia – San Sebastián – Azcoitia – Gernika – Lekeitio – Bilbao – Álava – Estella – Zaragoza – Lérida – Barcelona

Duración 7 días

El 27 de diciembre , a las 9.45 de la mañana llego a casa de Jordi, el amigo con el que me disponía a pasar unos días en el País Vasco. Habíamos quedado a las 9, pero lo conozco muy bien y sabía que no estaría a punto. Cuando llamé a la puerta se disponía a meterse en la ducha. Vuelvo a la calle para controlar que la grúa no se lleva mi coche mal estacionado.

A las 11.20 pasa por delante del coche. Se mete en un bar y desayuna tranquilamente. Vuelve a su casa y después de un buen rato, baja con el equipaje. Lo mete en el maletero y sale corriendo para el piso de nuevo; necesita ir al baño. A las 12.15, por fin, salimos hacia nuestro destino…

Pasamos por Lérida y paramos a comer en Almacelles. Subimos por el Puerto de montaña de Santa Bárbara, que nos recibe con sus grandes moles de piedra que caen verticales desde una altura vertiginosa, y a los pies de las cuales se encuentran pequeños pueblecitos. Curvas y más curvas, bosques y pantanos…

De noche, y lloviendo, llegamos a Pamplona. Después de cenar y pasear por la muralla, nos vamos a la cama. Nos levantamos temprano y desayunamos en el Café Iruña. La huelga de los revisores de la zona azul nos permite aparcar en el centro sin pagar. Pasamos por delante de la Diputación Navarresa, en donde se concentran funcionarios y bomberos, así como un grupo de jóvenes que protestan contra el proyecto de construcción de un nuevo pantano.

Dejamos Pamplona para dirigirnos a Hondarribia, a donde llegamos a eso de las 3 de la tarde. Los restaurantes ya habían cerrado la cocina, pero encontramos uno que se presta a servirnos el menú. Por la tarde, y mientras llueve, entramos a tomar alguna cosa al Parador Nacional, una fortaleza colosal, de planta rectangular, fría por fuera, pero muy acogedora por dentro.

Leo unos textos de Pedro Arrupe sobre el consumismo.

“Una gran proporción de hombres y mujeres de los países ricos parecen haber cambiado la especie “homo sapiens” en “homo consumens”. Desde la infancia se nos viene modelando como consumidores a manos de una publicidad que es ya como el aire que respiramos. Una vez formado ese “homo consumens”, él y ella influyen a su vez en la economía creando y justificando necesidades cada vez mayores. Lo superfluo se torna conveniente, lo conveniente se hace necesario, lo necesario se convierte en indispensable. Se crea “la sociedad de consumo”, con valores, actitudes y leyes propias.

En esa sociedad “libertad” quiere decir uso ilimitado de bienes, servicios y dinero. “Desarrolllo” significa tener más, industrialización, urbanización, aumento de ingresos per cápita. La “Información” según este esquema, es libre cuando viene de determinada dirección y empuja hacia determinadas metas.

El fin de todo ello es abrir o ampliar mercados, aumentar los beneficios, y, por eso, convertir la “global village” en “busines town”. El centro: mi “yo”. Los demás seres humanos, “cosas para mi”. El motivo: ganancias. La ley moral: la eficacia. Medios: todos los eficaces, caiga quien caiga”
(Montreal 1997)

“Debemos tener la firme determinación no solo de no participar en ningún lucro de origen claramente injusto, si no incluso, de ir disminuyendo la propia participación en los beneficios de una estructura económica y social injustamente organizada a favor de los más poderosos, mientras los costes de la producción recaen pesadamente sobre los hombros de los menos favorecidos”. (Valencia 1973)


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