dimarts, 28 de juliol del 2026

ISLANDIA

 

ISLANDIA

Viaje improvisado por una isla llena de sorpresas.


Teníamos dos sem
anas el billete de ida i vuelta, y un cochecito alquilado. No habíamos querido reservar más que el hotel de las dos primeras noches en Reykjavik, aunque nos habían dicho que era temerario aventurarse en este país sin tenerlo todo preparado.

Objetivo conseguido. No hemos tenido ni un solo problema para movernos por la isla e ir encontrando alojamiento día a día, allí en dónde planeábamos llegar. Hemos viajado libremente y hemos completado la ruta circular que permite darle la vuelta a este diminuto país.

A tener en cuenta

En julio no oscurece jamás. Siempre hay luz. Y no hay persianas.

Todo es carísimo. Muchos turistas optan por comprar en supermercados, alojarse en albergues y cocinar. Pero hay que probar la cocina islandesa. Se come súper bien en todas partes. Cordero de la isla y pescado fresquísimo. La pastelería es casi siempre casera y muy deliciosa. Y el café, increíblemente bueno. Casi no se ve el dinero. Todo se puede pagar con tarjeta.

En los estacionamientos de casi todas las atracciones que se visitan por la isla hay unas cámaras que registran la matrícula. Hay que pagar el parquin en unas máquinas. Suelen costar unos 7 u 8 euros.

Reykjavik


Habíamos planeado estar un día en la capital de Islandia y salir al siguiente a recorrer la isla. Como mi equipaje no llegó en mi vuelo y tuve que esperar 3 días a recibirlo alargamos la estancia. Encontramos alojamiento sin ningún problema. Primero en una acogedora guesthouse en el mismo centro, y luego en un confortable hotel a las afueras.


Durante este tiempo, además de recorrer a fondo la ciudad, visitamos los alrededores, que son, francamente muy interesantes. Al sudeste de Reykjavik, y en dirección al aeropuerto, se encuentra la
Reserva Natural del Reykjanesfölkwangur, el lago Kleifarwatn i las lagunas de barro hirviendo de Krýsuvik, que llenan el espacio de fumarolas. También se encuentra uno de los muchos volcanes de la isla, el Fagradalsfjall, que ofrece diferentes rutas. Nosotros hicimos la más corta, de 3 quilómetros, que te permite llegar hasta el cráter y ver el mar de lava que dejó tras su última explosión, el 10 de julio de 2023. Hay una zona todavía cerrada por seguridad después de las erupciones de 2024. Y finalmente, nos acercamos a ver las impresionantes columnas de basalto de la costa de Reykjanestà.


También en esa zona se encuentra la famosa Laguna Azul, lugar ideal para probar los baños termales que tanto gustan a los islandeses. Hay que reservar con antelación y son bastante caros. En la isla hay otros baños termales también muy recomendables, algunos más baratos y otros gratis, en las montañas.


El Círculo Dorado

Como no llegaba la maleta aprovechamos para hacer la ruta conocida como “El círculo dorado”. Cerca de Reikiavik se encuentra el Parque Nacional Pinjvellir, el primero de Islandia, reconocido el 1930 y designado Patrimonio Mundial de la Unesco en 2004.




Cerca se encuentra el geiser de Strokhur, que dicen que puede alcanzar los 40 metros de altura. Se encuentra en medio de un paisaje lunar lleno de fumarolas.



Y un poco más arriba se llega a Gullfos, la cascada dorada. Las aguas del glaciar que tiene más arriba bajan con fuerza entre pareces indeformables de basalto.



Y finalmente completamos el círculo pasando por Keiró, un cráter de aguas turquesas. La lluvia, que no nos abandonó en todo el día, impidió que nos acercáramos a la cascada de Brúarfos y la piscina termal conocida como “la laguna secreta”


La ruta hacia el sur

Por fin llegó la maleta y decidimos salir hacia el sur. Uno de los lugares más populares en esta ruta es Landmannalaugar, unas montañas multicolores de riolita en dónde pueden hacerse varios senderos, el más famoso de los cuales tiene 55 quilómetros. Pero es un lugar remoto al que sólo puede llegarse con 4x4 o con alguna excursión organizada que suele ser carísima, y sólo de junio a setiembre.


La ruta de las cascadas

Nuestro sencillo vehículo no nos permite el acceso, así que tomamos la ruta de las cascadas y empezamos por la de Seljalandsfoss, una de las más espectaculares de Islandia. En esta, uno puede colocarse detrás del salto de agua de 60 metros.


A unos 500 metros a pie, se encuentra la cascada de Gljufrafoss, escondida detrás de una pared de roca, dentro de una cueva, y de 40 metros de altura.


En nuestra ruta por el sur volvemos a parar para ver una tercera cascada, Skogafoss, de 60 metros de altura rodeada de exhuberante vegetación. 500 peldaños permiten verla des de arriba.


Muy cerca, y con mucha menos gente, se encuentra Kavernofoos, una espectacular cascada de 30 metros escondida en un cañón, rodeada de roca negra basáltica. Al lado del parquing se encuentra el museo de Skogar, en dónde pueden visitarse unas casas tradicionales.


Y antes de que oscurezca nos detenemos en los Acantilados de Dyrholaey, para unas vistas espectaculares de la costa, los acantilados y playas negras salpicadas de grandes rocas basálticas. La lluvia no nos abandona en todo el día y la espesa niebla no nos deja ver el immenso glaciar que tenemos delante. El día siguiente amanecerá soleado y quedaremos sorprendidos al observar un paisaje totalmente distinto.


Pasaremos la noche en la bellísima localidad de Vik, y cenaremos de maravilla en un restaurante local en dónde trabaja Manuel, un muchacho de Sevillla majísimo que lleva 4 años viviendo allí. El bacalao y el salmón están de muerte y por recomendación suya probamos el pastel de Skyr, absolutamente delicioso.


Hacia el Sureste


Ha dejado de llover y el nuevo día nos saluda on un magnífico sol. Bien desayunados retrocedemos un poco en nuestra ruta para ver las columnas basálticas de Reynisfjara, y es ahí en dónde descubrimos el glaciar que no habíamos visto la tarde anterior.


De hecho, ahí empieza la llamada Ruta de los Glaciares, que nos acompañarán todo el día. Empezaremos por el cañón de Fjadrargljúfur, en dónde haremos una buena caminata. Luego nos adentrarnos en el Parque Nacional de Vatnojökull, Patrimonio Mundial de la Unesco, en dónde haremos dos caminatas más, una a la Cascada de Svarttifoss, 20 metros de caida por una negra pared de basalto, y otra al glaciar Fjallsárlón, que se observa desde la orilla de una laguna helada con algunos icebergs flotando. Aquí se organizan excursiones con grampones y piolet por 100 euros por persona, 4 horas.


Nuestro siguiente destino nos vuelve a dejar sin aliento. La laguna glaciar de Jökulsárlón es un destino imprescindible en esta ruta de glaciares. Más adelante se encuentra la popular Diamong beach, en dónde vimos una infinadad de focas nadando, pescando y jugando muy cerca de la orilla.


Los fiordos del este


Tras un espectacular desayuno en una pasteleria de Hofn conducimos hasta el pueblo vikingo de Vestrahorn. No es la mejor hora para ver las montañas reflejadas en unas aguas que desaparecen con la marea baja, así que seguimos hacia Djúpivogur, un precioso pueblo de la costa. Allí empezaremos la espectacular ruta por los fiordos, que es bastante larga y nos lleva todo el día.


La noche la pasaremos en el Hostel Eidan, (160€ la noche) algo carillo, como todos los alojamientos en Islandia, pero muy recomendable. Nos quedaremos dos días y así, al día siguiente, podremos visitar con detalle la zona, llena de lugares interesantes.


Empezaremos la mañana en el Hengifoss Hilling Trail, una caminada fácil de hacer que nos permite ver dos bellísimas cascadas, Litlanesfoss y Hengifoss.


Después conducimos hasta Seydisfjordur, dicen que uno de los pueblos más bonitos de Islándia. El trayecto hasta este lugar es espectacular, un puerto de montaña entre lagos y picos nevados. Al llegar al mar uno se encuentra con casas de madera de múltiples colores. Almorzamos de maravilla en el restaurante Aldan.


Y seguimos nuestra ruta hacia el pueblecito de Borgarfjardarhöfn, cuya principal atracción son los Frailecillos o Puffins como les llaman allí. Una enorme colonia pasa el verano en sus acantilados, que empiezan a dejar a mediados de agosto. Cada año se reencuentran con su pareja en el mismo nido, en dónde pondran un solo huevo. Las crías pasaran 4 años en el mar antes de volver a la costa para empezar a reproducirse.


País de aguas termales


Muchos son los baños de aguas termales que uno puede encontrar a lo largo de esta isla. Nosotros nos decidimos por uno de los más conocidos de Islandia en la costa este, los de Vók. Llegamos por la tarde y no nos fuimos hasta pasadas las 10 de la noche.


Camino hacia el norte


Parecía que habíamos visto la parte más espectacular de la isla, según comentaba todo el munto, pero el norte no nos decepciona en absoluto, al contrario, nos maravilla. Salimos de buena mañana hacia Egilsstadir, en dónde nos hacemos con algunas provisiones. Nuestro objetivo para ese día es vistar el Studlagil Canyon, un destino obligado, de espectaculares formaciones basálticas con franjas de colores terrosos. Existen dos accesos. Nosotros, más por error que por decisión, llegamos por la vertiente oeste del rio Jokulsá á Dal. Dicen que desde la vertiente este se tienen las mejores vistas, pero hay que caminar 5 quilómetros. Pero desde la oeste se tiene una vista aérea del cañón y las cascadas sin apenas caminar.


La ruta lo lleva a uno por un paisaje lunar, un desierto de lava, árido, seco y sin vegetación. En medio de la nada un café solitario y muy acogedor da abrigo y alimentos a los que circulan por allí.


Y ese largo camino se ve recompensado de nuevo con la llegada a la cascada de Dettifoss, la más caudalosa de toda Europa, dicen. Desde el parquing sólo se ve un árido y extenso desierto de rocas. Uno empieza a caminar y no se imagina lo que encontrará al final del camino. Un impresionante precipicio de basalto y una descomunal cascada.


Y seguimos por una ruta que nuevamente nos deja maravillados. La Zona Geotermal Hverir nos deslumbra con cráteres de lava, barros grises que hierven y paletas de clores por doquier. Un espacio lunar en el que ya se han rodado algunas películas.


Estamos en medio de la nada, y ahí, alejados de todo y rodeados de campos y montañas encontramos uno de los mejores alojamientos del viaje, Narfastadir Guesthouse (135 €). Tras visitar la Cueva de Grjotasia y rodear el lago Mývatn nos retiramos a nuestro alojamiento, en dónde descasaremos y denaremos de maravilla.


Hacia el Noroeste


Muy cerca de nuestro alojamiento se encuentra Godafoss, la Cascada de los Dioses. La mejor manera de despedirnos del lugar antes de tirar hacia el norte, hacia la ciudad de Húsavik, a dónde se acercan muchos turistas para ver ballenas. Una ciudad preciosa de casas de madera de colores de los años 30, con montañas nevadas al fondo. En Naustid Seafood restaurant almorzamos de maravilla, servido por un muchacho de Barcelona que trabaja allí todos los veranos.


Unas dos horas más tarde llegamos a Akureyri, la capital del norte. Una ciudad muy acogedora, con un precioso jardín botánico, en medio del cual se encuentra un delicioso café en e que trabaja otro joven catalán durante el periodo estival. Nos explica que sólo trabaja 40 horas a la semana y cobra 4.000 euros netos.


Tras cenar y recorrer el Old Town, de preciosas casas muy antiguas, hoy restaurantes y hoteles de lujo, nos retiramos a nuestros aposentos. Son las 10 de la noche, pero nadie lo diria. Pareciera que era el medio día por la luz que todavía permanece en esta época del año.


Al día siguiente conduciremos hasta la península de Vatnsnes. Nos detendremos en el Museo de Glaumbaer, un conjunto de casas tradicionales islandesas que ayudan a entender la manera en como se ha vivido siempre en esta alejada isla. También en Pristapar, en dónde aprendemos que la pena de muerte fue abolida en Islandia en el 1930. Caminaremos por el cañón de Kolugljúfur, para ver las dos cascadas gemelas. Allí, prácticamente solos, almorzaremos. Y seguiremos hasta Ósar i Hvítserkur, un lugar en la costa en dónde descansan las focas. Aquí dormiremos en una granja muy acogedora Brekkulaekur Guest House, rodeados de campos y animales.


De Laugarbakki a Snaefellnes


Vuelve a llover. La niebla inunda el paisaje y apenas dejar ver nada. Nos refugiamos en el restaurante Englendinjavik, en el pueblo de Borgarnes. No podíamos detenernos en mejor lugar para degustar un delicioso almuerzo.


Tras la comida parece que despeja y conducimos hasta Ytri Tunga, en dónde topamos con una colónia de focas. Poco más allá, en el pueblecito de Búdir, visitamos la Iglésia Negra. Regresa la lluvia y la niebla no deja ver nada. Decidimos cruzar el puerto de montaña que divida la península y dirigirnos a nuestro alojamiento, que se encuentra en al otro lado. La sorpresa es mayúscula. Superada la montaña, al otro lado, brilla un sol despampanante. Es tan radical el cambio que decidimos acercarnos a visitar la cascada de Kirkjufellsfoss, desde la que se tiene una vista impresionante del Kirkjufell, la montaña más fotografiada de Islándia, mundialmente conocida por aparecer en la película “Juego de Tronos”.


Cenamos en el Harbour Café y nos alojamos en Grund i Grundarfirdu Economy Guesthouse, seguramente el alojamiento más económico del viaje, pero que está súper bien.


Península de Snaefellness


Al conocdio glaciar de Snaefellsjökull tampoco podeos llegar con nuestro cochecito. Se puede hacer a pie, pero a aquellas alturas del viaje ja no nos apetece caminar tanto… Nos conformaremos con subir hasta el cráter del volcán Saxhóll. Y después con recorrer los acantilados de Malarrif, en el Parque Nacional de Snaefellness, un paisaje protegido de exhuberante belleza.


Nos detenemos en Arnastapi, otros acantilados de piedra volcánica y columnas basálticas que recuerdan la famosa calzada de los gigantes de Irlanda. Y visitamos el pueblo más bonito de la península, Stykkisholmur. Merendaremos en Borganes de nuevo y ya no nos detendremos hasta Reyjavick.


Alrrededores de Reyjavick


Hemos llegado a la capital de Islándia antes de los pensado. Cómo ya la habíamos recorrido al inicio del viaje, decidimos visitar Reykjadalur, a una hora de Reyjavick. Se lo conoce como “El Valle del Vapor”, por ser una zona geotérmica, por la que corren rios de agua caliente.


Un sendero de 3 km, muy agradable y cruzando preciosos paisajes, con calderas de agua hirviendo, de las que emanan columnas de vapor, lleva a un lugar idílico en el que todos los turistas se desnudan y se sumergen en las calientes aguas del río.