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dimarts, 25 de gener del 2011

Asia 2010

SUDESTE  ASIATICO
(Del 23 de marzo al 15 de diciembre)



Camboya (5 crónicas)
Vietnam (5 crónicas)

Laos (6 crónicas)

Myanmar (3 crónicas)

Tailandia (5 crónicas)

Malasia (8 crónicas)
Brunei (1 crónica)




BORNEO
( SARAWAK. BRUNEI y SABAH,)



Para poder visualizar todas las crónicas hay que "clicar" "Entrada més antiga" al final de la página.

divendres, 4 de juny del 2010

Asia 2010 : Vietnam (5)

Sapa


En el norte de Vietnam, a 1650 metros de altura, y cerca de la frontera con China, se encuentra la ciudad de Sapa. Justo en la pendiente de una montaña, desde la que se divisa un profundo valle lleno de terrazas de arroz que caen en forma de cascadas. Es también el hogar de los H'mong y los Dzai, algunos de los pueblos indígenas de esta región.

Mujer de la etnia Red Dzay

"4 nights, 3 days"
Posiblemente el “treking” más difícil y de los más bellos que he hecho jamás.

Para la mayoría de turistas que vienen a esta región, Sapa es "treking", caminar por la montaña, contemplar paisajes idílicos y conocer algunas de los pueblos indígenas que viven en la zona. Desde Hanoi se organizan tours que incluyen la noche de ida, en tren, noche en una casa tradicional en alguna aldea, noche en un hotel en Sapa, y noche de vuelta, de nuevo en tren. Cuatro noches y tres días. Yo me apunté a uno de esos tours, pero ya no volví a Hanoi.

A las 4.30 de la mañana llegamos a Lau Cai, después de un largo recorrido en tren desde Hanoi. Un autobús nos traslada enseguida hacia Sapa. Una ducha rápida, desayuno, dejamos el equipaje en el hotel y nos ponemos a caminar.

Chai, una muchacha de 17 años de la etnia H’Mong es nuestra guía. El “treking” empieza en Sapa. Nada más salir de esta pequeña población nos encontramos caminando entre terrazas de arroz. No para de llover y el suelo, lleno de barro, es muy resbaladizo. A menudo no nos queda más remedio que meter los pies en el agua, pues algunos caminos se han convertido en pequeños riachuelos.

Comemos por el camino y cenamos en una casa local, en una pequeña aldea de la etnia Dzay, en donde también pasaremos la noche. Comida abundante y exquisita. La lluvia se detiene por un rato y nos permite recorrer la aldea y acercarnos al río.

A las 10 de la mañana nos ponemos en marcha de nuevo. Llueve. Los 3.6 kilómetros de recorrido los hacemos en tres horas. El camino es mucho peor que el del día anterior. No hacemos mas que bajar por pendientes llenas de barro, extremadamente resbaladizas. Me he caído dos veces, y no más, gracias a la ayuda de las mujeres indígenas que nos acompañaban. Son unas expertas a la hora de caminar por la montaña.

Al final del viaje, las mujeres nos muestran algunos productos artesanales que quieren vender. Y claro, después de tanta ayuda uno no puede negarse a comprar. El día anterior ocurrió lo mismo, pero con otras vendedoras. Tienen un pacto entre ellas. Acompañan al turista en un tramo determinado y han de vender antes de ceder el turno a las compañeras, normalmente de otra etnia, que esperan al otro lado de la frontera que solo ellas conocen.





 
 
 
Los búfalos también van de excursión...
 
Suculenta comida al final del camino

dilluns, 24 de maig del 2010

Asia 2010 : Vietnam (4)

Halon Bay



Una inmensa bahía con más de 3.000 islas que salen del mar, eso es Halon Bay, un paraíso natural catalogado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.




El viento y la fuerza de la olas han ido labrando las verticales rocas que surgen del agua y se elevan decenas de metros hacía el cielo. El agua ha ido formando cuevas, algunas inmensas, llenas de estalactitas y estalagmitas de curiosas formas.

Halon Bay es una de las maravillas naturales de Vietnam más visitadas por los turistas que llegan hasta este país del sudeste asiático. Es la joya de la corona, y por eso pensé que valía la pena visitarla de la mejor manera posible. Así pues, subí a bordo de una pequeña, pero lujosa embarcación, con la que surcaría, durante tres días, las aguas de tan maravillosa bahía.

Tres días de calma, navegando entre islas, disfrutando de las vistas desde cubierta, viendo como anochece cómodamente sentado en una tumbona, o como amanece desde el camarote, y tirándose al mar de buena mañana para nadar un rato. Tiempo de sobras para visitar una de las cuevas más conocidas, nadar en las aguas turquesa de la bahía de Halon, y acercarse a los lugares más recónditos en un kayak. Y todo eso en una embarcación acogedora, silenciosa, y en la que nos deleitaron, a los otros cinco pasajeros y a mí, con los mejores manjares del mar.







El viaje también incluye la visita a la habitada isla de Cat Bat, la más grande. Una zona que atrae miles de turistas que vienen a disfrutar de sus playas. Por la tarde, decenas de vietnamitas se lanzan al agua y se lo pasan en grande jugando con las olas.



Nosotros pudimos dar un paseo en bicicleta por el margen del parque natural de Cat Bat, y visitar una pequeña comunidad que vive aislada entre montañas.






Hanoi

Antigua puerta de acceso al casco antiguo

La capital de Vietnam, la más exótica de Asia, según algunos, es una ciudad acogedora que invita a recorrerse a pie. Los lugares más importantes pueden visitarse en cómodos paseos que permiten, además, ver de cerca como viven los vietnamitas. Es una sorpresa detrás de otra. Puestos de comida por doquier, mujeres con sombreros cónicos cargando todo tipo de productos, el olor del incienso que sale de los templos, monjes que piden una ayuda, bellísimos edificios de la época colonial francesa…




Por supuesto, también tiene sus defectos. Las aceras están invadidas por improvisados restaurantes y bares callejeros, en muchos tramos son una extensión de los diferentes comercios y talleres, y en otros, el parking de las motos – un suculento negocio para los que las vigilan -. El resultado es siempre el mismo. El peatón ha de caminar por en medio de la calle, intentando evitar ser atropellado por una marabunda de motos, bicicletas y coches que, la mayoría de las veces, no respetan pasos de cebra, ni semáforos (cuando existen y funcionan). Además, la vida empieza temprano, a las 6 el bullicio es ya considerable, y si uno no se adapta a su horario lo tiene difícil para seguir durmiendo. Ah, y la luz se va cada dos por tres y los que nos hospedamos en hoteles baratos y sin generadores nos quedamos sin ventilador y aire acondicionado, y el calor es insoportable en esta época del año.

Por suerte, también ha llegado la época de las lluvias, y el agua que cae refresca el ambiente y hace que las noches sean un poco más frescas. Al atardecer los vietnamitas se acercan a los lagos y parques que hay por toda la ciudad, y caminan arriba y abajo haciendo estiramientos.



Con la Iglesia hemos topado

El 20% de los vietnamitas son católicos. Y eso, en un país de 86 millones de habitantes, son muchos católicos. De hecho, Vietnam es el segundo país de Asia, después de Filipinas, con un mayor número de creyentes. Eso se ve cada vez que uno se acerca a una iglesia. Las misas están a rebosar. Como no se cabe, se instalan pantallas en el exterior y los feligreses siguen la celebración desde el exterior, sentados en bancos, en el suelo o en los asientos de sus motos.

Jóvenes católicos contra el aborto


Últimos días en Hanoi

Existen en Hanoi un buen número de distracciones para el turista. El centro histórico de la ciudad, el Templo de la Literatura, el Mausoleo de Ho Chi Minh, el lugar en donde se muestra su cuerpo embalsamado, el Museo de HCM, dedicado a la vida del “Tío Ho”, como llaman aquí al padre de la patria, o el Museo de Historia, entre otras. La mejor es, no obstante, pasear por sus calles y ver como fluye la vida.



Paseando descubrí que en el Museo de Bellas Artes se hacía una exposición sobre Tauromaquia con dibujos de Goya, Picasso y Cano. No pude evitar entrar a verla, y fue una auténtica gozada. Y paseando por delante de la Ópera descubrí que la Embajada Española patrocinaba dos conciertos de la Novena Sinfonía de Bethoven. En la taquilla me dijeron que el segundo, el de aquel día, era sólo con invitación. De todas maneras, en la calle había gente que vendía entradas. Compré una, disfruté de un magnífico concierto y pude ver como era por dentro la Ópera de Hanoi.



También vi, en vivo y en directo, un pequeño tornado que hizo caer dos árboles enormes sólo a unos metros de donde me encontraba...


Y finalmente, dos días antes de dejar la ciudad, conocí una pareja de jóvenes vietnamitas muy agradables. Salimos a cenar y probé unos platos bien raros, algas que parecían setas, caracoles de mar cocinados con hierbas, paté de carne…, y vino de arróz. La velada acabó con la asistencia a una fiesta espectacular. El motivo era el décimo aniversario de Olympia, una especie de Eurovisión para estudiantes de “High School”, en la que participan jóvenes de varios países asiáticos, y que organiza la Televisión vietnamita VTV3. Que flash!!!