Chipre
Al este de Grecia, en el
otro extremo del Mediterráneo, y justo debajo de Turquía, a unos
pocos quilómetros de Siria, Líbano y Palestina, se encuentra la
isla de Chipre.
Una isla pequeña, que se
recorre facilmente y en pocas horas, pero con una gran história,
reflejo de la cual son sus abundantes y fascinantes restos
arqueológicos, huellas de todas las culturas que pasaron por allí.
Una isla pequeña, pero
no exenta de conflicto. Las heridas de la ocupación de la parte
norte de la isla por Turquía en el año 1978 siguen abiertas. Una
estrecha franja, tierra de nadie, controlada por Naciones Unidas,
divide dos mundos cada vez más antagónicos.
Dos paises separados por
una larga frontera, con varios pasos fronterizos que permiten
circular por toda la isla, y sin complicaciones, a los
turco-chipriotas y a los greco-chipriotas. Y, por supuesto, a los
turistas. Eso sí, si se ha alquilado un coche en la parte griega y
por tanto en Europa, hay que mostrar el pasaporte y adquirir un
seguro de viaje en la misma frontera. Por 20 euros, uno puede
permanecer tres días en la parte turca.
Una
isla llena de sorpresas
La mayoría de visitantes
entran al país a través del aeropuerto de Larnaka. Aunque no había
oído nunca antes hablar de esta ciudad, es un lugar que atrae miles
de turistas, sobretodo en verano, por su buen clima y sus lindas
playas. En invierno es un remanso de paz.
A parte de sus playas,
chiringuitos y restaurantes a lo largo de su extenso paseo marítimo,
en la ciudad pueden visitarse algunos monumentos excepcionales.
El castillo de
Larnaka, por ejemplo, fue construido en la edad media, remodelado
por los otomanos y convertido en prisión por los británicos. Al
lado mismo del mar ofrece unas vistas preciosas de la costa.
Al lado se levanta Djami
Kebin, la preciosa Gran Mezquita de Larnaka, la primera
mezquita otomana de Chipre.
Y un poco más allá
Agios Lazaros, la Iglesia de San Lázaro, del Siglo IX,
una de las joyas de la arquitectura bizantina, con unos fabuloos
iconos barrocos de madera en su interior. En esta isla vivió durante
30 años San Lázaro, ordenado primer obispo de Kition y aquí murío
y fue enterrado.
Y la lista de monumentos
y museos a visitar sigue. Vale la pena acercarse hasta el lago
salado, frecuentado por flamencos, al lado mismo del aeropuerto,
y la mezquita Hala Sultan Tekke, que se refleja en sus aguas y
contiene el mausoleo de la nodriza del profeta Mahoma.
Y hacia el este, en la
turística localidad de Agia Napa, el precioso monasterio medieval
del S.XV dedicado a Nuestra Señora del Bosque y con una iglesia
excavada en la roca.
Agia Napa es un
lugar casi desierto en invierno, pero que se llena de turistas en
verano. Sus hermosas playas y el Parque Nacional de Cavo Greco,
en donde pueden hacerse buenas caminatas junto al mar, son su
principal atractivo. También se encuentra allí uno de los accesos
más fáciles a la antigua ciudad de Famagusta y las ruinas
de Salamina, ya en la parte turca de la isla.
Nicosia,
capital entre dos mundos
A una hora de Larnaka,
conduciendo hacia el norte, y en el centro de la isla, se encuentra
la capital de Chipre, Nicosia, justo en la frontera que divide
la parte griega de la parte turca.
Otra ciudad preciosa, con
un casco antiguo bellísimo lleno de iglesias, mezquitas y monumentos
singulares, todos ellos rodeados por una gran muralla. Deberíamos
decir, media muralla, pues la otra parte se encuentra ya en la zona
turca, y ambas se separan por una extraña franja de nadie,
controlada por soldados de Naciones Unidas. Barricadas de bidones y
alambradas dejan ver edificios abandonados al otro extremo, y
viviendas ya habitadas un poco más allá.


Para los turistas, es sin
duda, uno de los atractivos de esta ciudad. Paseando por una de sus
avenidas comerciales más transitada se encuentra uno, de golpe, un
check point, a través del cual se puede acceder a la parte turca de
la ciudad. Es, sin duda, una visita obligada, que lo transporta a uno
a Turquía, realmente. Su casco antiguo posee quizás los monumentos
más espectaculares de la ciudad, como una antigua y bellísima
iglesia bizantina convertida hoy en mezquita, o un caravanserai que
resulta especialmente evocador con su iluminación nocturna.
Una
isla, dos mundos
Desde Nicosia resulta muy
fácil acceder a la parte turca de la isla. Sin dudarlo un momento,
nos aventuramos a visitarla con nuestro coche de alquiler. Y aunque
no nos funcionó la tarjeta de internet que habíamos comprado y
tuvimos que manejarnos sin google maps, conseguimos llegar a nuestro
destino, la portuaria ciudad de Kyrenia, Girne, para
los turcos.
Un enclave precioso en la
costa norte de la isla. Lugar de entrada de muchos turistas turcos y
que posee un gran encanto gracias a su pequeño puerto y un
impresionante castillo constuido entre los siglos VII y XIV, que lo
protege y que alberga un interesante museo.
Muy cerca de allí
visitamos también la abadia de Bellpais, un antiguo
monasterio ortodoxo.
Al este de la isla, y
también en la parte turca, no hay que perderse las ruinas de la
espectacular Salamina, la antigua Salamis, una de las ciudades
más opulentas de la antigüedad clásica, S. XI antes de Cristo.
Perteneció al imperio persa, conquistada por Alejandro el Grande,
sede de la dinastia ptolomeica y una importante ciudad del imperio
romano ya en el siglo I antes de Cristo, y parte del imperio
bizantino hasta el siglo IV después de Cristo.
Muy cerca se encuentra
otra bellísima ciudad amurallada, la antigua Famagusta, repleta de
mezquitas, iglesias y restos de, en otro tiempo, lujosos palacios.
Y
a su lado, y haciendo frontera con la parte griega, la que llaman la
ciudad fantasma. Una ciudad abandonada tras la guerra, casas, calles,
iglesias y plazas desiertas, semáforos oxidados y vayas de alambre
que permiten acceder.
Las
montañas de Trodos
Uno de los lugares más
sorprendentes en este viaje a Chipre ha sido el de las montañas de
Trodos. Unas carreteras estrechas y serpenteantes, lo conducen a uno
a través de un paraje natural bellísimo. Montañas, en las que se
puede esquiar en invierno, valles y espesos bosques salpidados de
monasterios ortodoxos y bellísimas iglesias bizantinas de
impresionantes pinturas, declaradas Patrimoni Mundial por la Unesco.
Allí habíamos decidido
pasar la noche de fin de año. En una bonita casa de turismo rural,
en el bucólico pueblo de Kakopetria. Un lugar maravilloso para
recibir el nuevo año, al calor del fuego, con una comida deliciosa y
acompañados de música tradicional chipriota.
De
vuelta al mar, Phafos
Tras nuestra aventura por
el interior de la isla, volvimos a la costa. No queríamos irnos sin
ver la ciudad de Phafos, conocida, además de por sus playas,
por sus magníficos restos arqueológicos, también Patrimonio de la
Unesco.
Es imprescindible visitar
las Tumbas de los Reyes, que recuerdan mucho al Valle de los
Reyes en Egipto. Y después los restos de la ciudad helenística, con
el Odeón, el Ágora, el palacio del proconsul romano y un buen
número de casas repletas de lujosos mosaicos.
De camino a Larnaka
paramos en Petra tou Romiou, el lugar en el que nació Afrodita, y
finalmente en Limassol, otra bonita ciudad costera, con otro
impresionante castillo.