Halo
Tierra Eterna
Cuando uno se topa por primera vez con un
grupo de vanuatus, y observa la forma en que le miran a uno, da la impresión de
que están pensando de que manera van a cocinarte. La verdad es que dan un poco
de miedo. Pero en cuanto se te ocurre decirles, “Halo”, se les dibuja en el
rostro una sonrisa increíblemente acogedora. De golpe, cambian todas las
impresiones y te parecen la gente más alegre, cordial y amable que has visto
jamás. Y no te equivocas. Has llegado a un paraíso en el que posiblemente vive
la gente más encantadora del mundo.









Había planeado estar tres semanas en Vanuatu.
Una en la isla de Espíritu Santo, la mayor de las 83 islas, conocida sobretodo
por sus maravillas naturales. Otra en Malekula, un lugar inhóspito en el que
todavía viven tribus que visten con taparrabos elaborados a base de hojas de
diversas plantas. Y la última dividirla entre la isla de Tanna, en donde se
encuentra el volcán del Monte Yasur, y la isla de Efate, en donde se encuntra
Porto Vila, la capital. Después de que mi vuelo de Santo a Malekula se
cancelase durante tres días, decidí cambiarlo, dejar las tribus de esa isla para otra
ocasión y pasar más tiempo en el volcán…
Espíritu Santo
El transporte más cómodo entre islas es el
avión. No me cabe ninguna duda. Pero, en contra de todos los consejos que
recibí, decidí hacer mi primer trayecto en barco. Unas 26 horas agotadoras y
mareantes, pero que, eso sí, me permitieron ver una cara diferente de Vanuatu,
a menudo desconocida para el resto de turistas. Es, al fin y al cabo, el único
medio de transporte que pueden permitirse la mayoría de habitantes de este
país. Y es viajando con ellos que uno se da cuenta de las dificultades que
entraña vivir aislado, a menudo incomunicado, y alejado de la civilización.










Espíritu Santo, como otras islas del Pacífico,
es famosa por sus espectaculares playas, los“blueholes”, agujeros en donde nacen
ríos de aguas prístinas que emergen des del suelo, densas selvas tropicales y
barcos hundidos durante la segunda guerra mundial que son ahora un paraíso para
los buceadores. Al norte de la isla, en un lugar remoto al que se llega por un
estrecho camino sin asfaltar en medio de una espesa jungla, se encuentra un
monumento dedicado a Pedro Fernández de Quirós, que fue el primer explorador
europeo que llegó a estas islas. Fue en mayo de 1606, al mando de una
expedición española.
Pero por supuesto, en Santo también pueden visitarse
aldeas como la de Fanafo, a donde la electricidad llegó hace 6 años, pero que
todavía viven como lo han hecho durante generaciones, en casas de madera y
palma, y de lo que produce la tierra.
Tanna
Observando las nubes de humo que salen del
volcán tras cada explosión, los helechos gigantes que crecen por doquier, o los miembros de las tribus que viven en la selva prácticamente desnudos, uno piensa que lo próximo
con que va a toparse es un dinosaurio. Bienvenidos a “Jurasic Parc”.
Después de dos horas de vuelo aterricé en el
pequeño aeropuerto de Tanna, una isla remota al sur de Vanuatu. No había
reservado nada, pero allí se encontraba Patrick, un miembro de la familia que
dirige Tanna Tree Top Lodge, un alojamiento a los pies del volcán Yasur. Había
acercado a algunos clientes que debían tomar el avión, y ahora me llevaba a mi
de regreso, por unos caminos bastante accidentados por los que solo puede
accederse en un 4x4. Ya era de noche cuando cruzamos las áridas planicies de
ceniza que rodean el volcán. Nancy y Fred, los propietarios, me dieron la
bienvenida, subieron mi equipaje a una cabaña, en lo alto de un árbol, y me
prepararon algo para cenar.




Desde el encumbrado porche de mi habitación se
tiene una vista espectacular del volcán. Por la noche se ven las incandescentes
brasas que este lanza al espacio, después de estrepitosas explosiones, que
hacen balancear la cabaña en la que me encuentro. Durante el día, grandes
humaredas ennegrecen el cielo azul. El volcán se manifiesta imponente, asentado
en medio de una gran jungla de árboles tropicales, helechos gigantes y enormes
bayanes.
Kastom Villages
Otra de las atracciones de Tanna son las
diferentes tribus que la habitan. La mayoría siguen viviendo en casas de madera
y palma, sin luz, ni agua corriente, aunque han adoptado la vestimenta
occidental. Los más afortunados poseen un generador de gasoil que encienden
unas horas al día y que les permite cargar el móvil y hasta ver algo de
televisión antes de acostarse.
Existen varias aldeas que pueden ser visitadas
previo aviso. Sus habitantes recuperan las vestimentas tradicionales y muestran
a los turistas la forma en que hacen fuego, a partir de dos palos, o algunos de
los platos que elaboran con los productos que obtienen de la tierra. Finalmente
los deleitan con algunas de las danzas tradicionales, que todavía practican en
celebraciones.
Si uno tiene tiempo, puede adentrarse en la
selva, por tortuosos caminos, y llegar hasta algunas aldeas, como la de Yakel,
en la que sus habitantes visten y viven todavía de forma tradicional, como lo
han hecho durante generaciones. Existe el riesgo, como me ocurrió a mí, de que
al llegar apenas encuentres a nadie. Aquel día estaban celebrando una
importante ceremonia de iniciación de los jóvenes de la tribu, y se encontraban
al otro lado de un gran barranco. Podía oírse la música, y según me contaron
las pocas personas que quedaban en el poblado, se pasarían dos días bailando y
comiendo. Desafortunadamente no podíamos quedarnos. Al chofer lo esperaban en
el aeropuerto, y era demasiado lejos para volver al día siguiente…
Vanuatu es un país bastante desconocido, y el
fenómeno del turismo es muy reciente. Las familias locales, que se han dado cuenta
del potencial, han empezado a construir sencillas casas de madera en lo alto de
enormes árboles banianos. El alojamiento, en general, es muy básico y uno vive
casi como ellos… Las deficientes infraestructuras hacen que llegar hasta los
lugares de interés sea toda una peripecia, bastante agotadora a veces, pero,
sin duda alguna, vale la pena el esfuerzo.

En Tanna existen varios lugares de interés
para el turista: cascadas, cuevas, bonitas playas de blancas arenas, termas,
por supuesto las aldeas locales y, la joya de la corona, el volcán Yasur, que
colma todas las expectativas y justifica por si sólo el desplazamiento a esta
lejana isla. Este se encuentra siempre activo, escupiendo lava incandescente y
dejando boquiabiertos a todos los turistas que lo visitan. Hay que vigilar para
donde caen los trozos de lava que expulsa con gran fuerza hacia arriba. Existe
siempre un riesgo, pero en general, se dice que es uno de los más seguros del
mundo.
Paraíso de los antropólogos
En Vanuatu coexisten más de 115 culturas y
lenguas diferentes. Es el país con una mayor concentración de lenguas per
cápita. Y uno de los países del mundo con una mayor diversidad cultural. Cada
una de sus 83 islas es un mundo y todo varía, danzas, ceremonias, sistemas de
gobierno… El 80% de la población vive en áreas rurales, en pequeñas aldeas de
menos de 50 personas, presididas por un jefe, cuya palabra es aceptada como
ley.
Este país, de 175.000 habitantes, se encuentra
entre las islas Fiji, las Islas Salomón y Nueva Caledonia. Fue colonia francesa
y británica a la vez, por lo que una parte de la población habla francés y otra
inglés, a menudo dependiendo de la isla en la que se vive. Vanuatu consiguió su
independencia en el año 1980, y desde entonces, la lengua oficial es el
Bislama, una mezcla de inglés, francés y lenguas locales, que permite comunicarse
a las diferentes tribus, además del Inglés y el Francés.