La Región de los Lagos
Frutillar es una pequeña población al lado del
Lago Llanquihue, en la famosa Región de Los Lagos. Poblada por familias
alemanas que emigraron allí a finales del S. XIX, todavía hoy uno cree estar en
la mismísima Alemania. Sentado en un acogedor café, tomando un tradicional
“Kuchen” y contemplando el lago, con el cono perfecto e inconfundible del
volcán Osorno al otro lado, pensé que el camino de vuelta a Santiago sería un
mero trámite, cómodo y placentero. La aventura de la indómita Patagonia había
quedado atrás.
Frutillar
Into the Wild
Siguiendo el consejo de una catalana que había
conocido hacia unos días, no quise continuar hacia el norte sin antes visitar el Valle de Cochamo, que se encontraba a unas pocas horas de Frutillar. Tomé un
bus hasta la vecina Puerto Varas, y de allí otro más hasta la pequeña población
de Cochamo. El bus me dejó delante mismo de una casa en la que alquilaban
habitaciones. Allí pasé la noche, después de una excelente cena casera. Rubén,
el propietario, se encargó de pedirme una camioneta para que me acompañara al
día siguiente hasta el lugar en el que empieza el sendero, a unos 15
quilómetros.
Cochamo
La única manera de llegar al Valle de Cochamo
es a pie o a caballo. La ruta toma entre 4 y 5 horas, y al final del camino hay
un par de refugios en los que uno puede alojarse y alimentarse. El valle está
rodeado de altísimas montañas de granito que son el paraíso de escaladores.
Desde allí se pueden hacer varios senderos, dicen que espectaculares, ascendiendo
por los diferentes cerros. Yo llegué justo el último día en que permanecía
abierto uno de los refugios. El otro había cerrado a principios de mes. Fue
pura casualidad, nada me habían dicho en información turística… Se acabó el
verano. El invierno es muy duro en esta zona y por ello los refugios cierran
durante 6 meses.
Valle de Cochamo
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PuertoVaras
Mientras volvía a Cochamo, se puso a llover a
cántaros. Los torrentes, que también eran el camino, se llenaron de agua y fue
imposible no mojarse. Llegué completamente empapado. Conmigo regresaba Nicolás,
un belga chileno, que muy amablemente se ofreció a acompañarme hasta la ciudad
de Puerto Varas. Me dejó en frente del hostel Compass del Sur, una acogedora
casa de madera. Puse toda mi ropa a lavar y las zapatillas delante de la estufa
de leña para que se secaran. Duchado, con ropa limpia y seca salí a degustar
una deliciosa cena. El premio a una jornada agotadora.
Al día siguiente aproveché mi estancia en Puerto Varas para visitar el
lago de Todos los Santos, el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales y los Saltos
de Petrohué. Desde todos estos lugares se tiene una vista privilegiada del
volcán Osorno, que ese día tenía su acceso cerrado a causa de la intensa nevada
del día anterior.
Lago Todos los Santos
Volcán Osorno
Patagonia Argentina
Realmente me cuesta dejar Patagonia, y la
prueba es que no pude resistir aprovechar la cercanía de Bariloche, 6 horas en
bus desde Puerto Varas, para entrar de nuevo en Argentina y visitar esta
turística población. Famosa por sus pistas de esquí, se encuentra en medio de
un magnífico entorno natural de impresionantes bosques, montañas y lagos. Y
desde allí subí hasta San Martín de los Andes, una bellísima y tranquila
población en la que aproveché para realizar algunas caminatas.
Fiesta Artesanal en Colonia Suiza, Bariloche
Ruta de los Lagos
San Martín de los Andes
La atracción del volcán
El paso Mamuil Malal marca la frontera entre
Argentina y Chile. Se encuentra a los pies del volcán Lanin, que da nombre al
Parque y Reserva Nacional de Lanin, que las curiosas araucarias convierten en
un auténtico bosque de hadas. Al otro lado de los Andes, se encuentra Pucón, un
lugar que atrae miles de turistas en verano. Ahora en otoño, sin embargo, se
respira paz y sosiego. Es posiblemente la mejor época para visitarlo. Los altos
precios del verano se han reducido considerablemente, se puede disfrutar de
todas sus termas sin aglomeraciones, y el tiempo todavía permite realizar las
mil y una actividades al aire libre que lo hacen famoso, como el rafting, los
recorridos a caballo, el senderismo, y, como no, la joya de la corona, el
ascenso al volcán Villarrica.
Esta era la principal razón que me traía hasta
aquí. Tenía ganas de subir a un volcán activo, acercarme a su cráter y
contemplar ese espeluznante fenómeno natural. Ascender por sus verticales
paredes, caminar encima del glaciar y
las nieves que habían caído hacía unos días, resultó ser una experiencia algo
aterradora, pero inolvidable. El resto de días en Pucón aproveché para
sumergirme en las calientes aguas de sus termas, visitar el Lago Caburga y los
Ojos del Caburga, y, finalmente, recorrer los lagos del Parque Nacional Huerqueue.
Laguna Azul
Ojos del Caburga
Lago Caburga
Parque Nacional Huerqueue